Estados Unidos concentra el grueso del torneo. Albergará 78 de los 104 partidos repartidos en once ciudades sede, desde Los Ángeles y Nueva York hasta Kansas City o Filadelfia. Con ese volumen, no sorprende que las proyecciones sean monumentales. El estudio conjunto de la FIFA y la Organización Mundial del Comercio, elaborado por Oxford Economics, calcula una contribución de alrededor de 17,200 millones de dólares al PIB estadounidense, una producción económica bruta cercana a los 30,500 millones y unos 185,000 empleos equivalentes a tiempo completo.
El problema es la escala. La economía de Estados Unidos es tan colosal que esos 17,200 millones representan menos del 0.1% de su PIB anual, una proporción que algunos análisis ubican incluso en torno al 0.05%. El banco danés Saxo lo resumió sin rodeos: en términos macroeconómicos, el Mundial no mueve la aguja del crecimiento estadounidense. A esa lectura se suma un dato que enciende focos rojos para los hoteleros: una encuesta de la Asociación Americana de Hoteles y Alojamiento entre más de doscientos establecimientos en las once sedes encontró que cerca del 80% reportó reservas por debajo de lo previsto, golpeadas por las trabas para conseguir visas, las tensiones geopolíticas y los precios desorbitados de boletos y viajes. Algunos hoteles llegaron a describir el torneo como un “no evento”.
Canadá: visibilidad cara y un debate fiscal incómodo
Canadá es el socio más pequeño en presencia. Solo dos sedes, Toronto y Vancouver, que entre ambas reúnen 13 partidos que van de la fase de grupos hasta los dieciseisavos. El estudio oficial de la FIFA y Deloitte proyecta un impacto positivo de hasta unos 3,800 millones de dólares canadienses, mientras que BMO Economics estima entre 1,000 y 5,000 millones en gasto turístico, más otro tramo en consumo de residentes. En el agregado nacional, sin embargo, ese impulso apenas suma alrededor de una décima de punto al PIB trimestral anualizado.
Y aquí aparece la parte espinosa que México no enfrenta con la misma intensidad: el costo público. Organizar esos 13 partidos le costará a Canadá cerca de 1,070 millones de dólares canadienses, lo que equivale a unos 82 millones por encuentro. Vancouver carga con la factura más alta, y Toronto incluso subió temporalmente su impuesto al alojamiento para cubrir el hueco presupuestario. El debate canadiense es transparente: ¿valen unas semanas de proyección internacional el precio que pagará el contribuyente? Para muchos analistas, el mayor retorno de Canadá no estará en el PIB de un trimestre, sino en la vitrina global que ganan Toronto y Vancouver.
México: pocos partidos, pero el mayor golpe proporcional
Aquí está el giro de la historia. México recibe 13 partidos distribuidos en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, incluido el partido inaugural del 11 de junio. Es una fracción modesta del torneo, pero el efecto sobre su economía es proporcionalmente el más grande de los tres anfitriones. Los análisis de Saxo y de varias consultoras coinciden en que México es el ganador relativo del arreglo tripartito, con un beneficio económico estimado en torno a los 3,000 millones de dólares, equivalente a entre 0.2% y 0.5% de su PIB, según el modelo que se use. Esa proporción multiplica varias veces el impacto relativo que el mismo evento tiene en Estados Unidos.
La razón es estructural. La economía mexicana depende mucho más del turismo y de los servicios. En 2024 el PIB turístico del país alcanzó los 2.7 billones de pesos, el equivalente al 8.7% del PIB total, así que una avalancha de visitantes en ventanas cortas se siente con fuerza en sedes como las tres ciudades mundialistas. Deloitte va incluso más allá del dato de Saxo y calcula un impacto económico total de 4,050 millones de dólares para México, con 2,730 millones de valor agregado, equivalente al 0.14% del PIB de 2026, y unos 112,200 empleos temporales. El gobierno federal, por su parte, maneja una proyección más optimista de 60,000 millones de pesos y 5.5 millones de visitantes.
Lo que dicen los primeros datos del torneo
Las proyecciones son una cosa, y la cancha otra. A poco más de una semana del arranque, la Secretaría de Turismo presentó números que respaldan la idea de que México lidera. El país registra un crecimiento turístico del 5%vinculado al Mundial, frente a un 3% de Canadá y una caída del 2% en Estados Unidos. La dependencia espera una derrama superior a los 1,800 millones de pesos solo en hoteles y restaurantes de las sedes, con ocupaciones de hasta 95% en los días de partido.
Conviene leer esas cifras con cautela, porque el sector privado pinta un cuadro más tibio. En Monterrey, la presencia de extranjeros fue escasa durante la primera semana y fueron los aficionados nacionales quienes sostuvieron la ocupación hotelera. Empresarios de varias sedes describen un movimiento más parecido al de una temporada alta de junio que al de un acontecimiento histórico. Aun así, en la foto comparativa entre los tres anfitriones, México es el único que crece de forma clara en los indicadores turísticos de arranque.
El veredicto: ganador relativo, no milagro económico
La conclusión equilibrada es la siguiente. En dólares totales, Estados Unidos se lleva la parte del león por simple volumen de partidos y tamaño de mercado. En retorno proporcional, México sale mejor parado que sus dos vecinos, porque su economía siente más el impulso del turismo y porque, a diferencia de Canadá, no carga con un costo público tan cuestionado. Pero ninguno de los tres países vivirá una transformación económica. Los analistas lo repiten en los tres mercados: el efecto es real pero breve, concentrado en pocos sectores y geográficamente desigual. El consumo se redistribuye más de lo que se crea valor nuevo, y la derrama tiende a concentrarse en grandes cadenas y zonas turísticas específicas, dejando fuera a buena parte de los pequeños comercios y de la economía informal.
México juega bien sus cartas con apenas 13 partidos, y eso ya es un mérito. La pregunta de fondo es si el país sabrá convertir esa ventaja relativa en algo que dure más allá de julio. ¿Crees que México logrará capitalizar el Mundial a largo plazo o, como ocurre casi siempre con estos megaeventos, la emoción durará más que el beneficio?