Sábado, 8:40. Lucas Ferreyra tiene 19 años, estudia el profesorado de Educación Física en Lomas de Zamora y entrena a los pibes de la 2013 en un club de barrio. Toma asistencia con un lápiz que ya tiene la punta mordida. Las faltas las anota siempre a lápiz, nunca con birome, y nunca le contó a nadie por qué.
En la hoja hay catorce nombres y en la cancha once chicos pateando. Falta Tomi, que tiene 13 y hace tres sábados que no aparece.
Al costado de la planilla está anotado el teléfono de su casa. Llamar tiene su riesgo: capaz le dicen que no pudieron pagar la cuota, o que Tomi empezó a laburar, o que se cansó y listo. No llamar es más fácil, pero entonces la falta se vuelve baja. Faltan cuatro minutos para el amistoso, y cuando suene el silbato Lucas cierra la hoja.
Vos sabés algo que Lucas no sabe: lo de Tomi les pasa, con otros nombres, a muchísimos chicos de su edad. Más abajo vas a ver cuántos.
Lucas es un personaje inventado para contar esto. Los datos y las citas son reales, y las fuentes están al final.
Si te preguntás qué hacen los clubes de barrio por los jóvenes de las ciudades argentinas, la primera cuenta es simple: reúnen a casi cinco millones de personas. Lo interesante viene después, y tiene una edad, los 13. Juntamos datos oficiales que casi nunca aparecen en un mismo texto, le sumamos lo que dice la teoría y damos nuestra opinión, que se puede discutir. También decimos dónde se terminan los datos.
Los clubes de barrio: una red que nadie planificó
El Ministerio de Turismo y Deportes y la UNSAM hicieron el primer censo de clubes del país. Salió en agosto del 2023 y contó 11.870 entidades con 4.928.574 personas participando. Ocho de cada diez son clubes de barrio o de pueblo, y solo en la Ciudad de Buenos Aires hay más de 3.000, según Cadena 3.
Si repartís a todos entre todos, tocan 415 personas por club. Es un club chico, de los que conocés de la esquina, y queda lejos del tope de 2.000 socios que la ley fija para ser “de barrio” (participantes y socios no son lo mismo, pero igual da idea).
Nacieron con los inmigrantes y con el tren. Las mutuales armaron clubes y las empresas ferroviarias hicieron los suyos para los empleados; de ahí salieron Talleres de Córdoba y Ferro, contó la analista María Migliore a principios de julio en Infobae en Vivo. Para ella, esta red es “la mejor tecnología social que tenemos”. Y aclaró algo que importa: no hay una política unificada para sostenerla, así que los clubes viven de rifas, cuotas y ayuda del barrio.
Qué dice la teoría y dónde se queda corta
En sociología y psicología del deporte hay una idea muy repetida: el deporte organizado enseña cosas que la escuela no enseña igual. Valores, trato con otros, hábitos. Autores como Coakley (2011) lo llaman un espacio educativo “no formal”, y el enfoque del Desarrollo Positivo de la Juventud agrega que ayuda todavía más a los chicos que crecen en contextos difíciles.
La misma literatura pone una condición que casi nadie cita. Los beneficios no llegan solo por anotarse. Dependen del entrenador, del ambiente y de que el club tenga como meta formar y no nada más ganar. Un artículo de la Universidad de Costa Rica (Revista Pensar en Movimiento) avisa que el resultado, la especialización temprana y la selección de los mejores meten lógica de alto rendimiento en lugares que deberían ser de formación.
Para Argentina, un equipo de la Universidad Nacional de La Plata (Zambaglione y colegas, Revista Ímpetus, 2013) hizo trabajo de campo con 308 alumnos de escuelas medias estatales. Vio que, entre los que van a clubes, los amigos son el motivo principal. Describe al club con dos caras: puede repetir el orden social de siempre, pero también da comunidad y pertenencia. Ubica el esplendor de los clubes entre 1930 y 1960, el deterioro desde los años 70 y el golpe más fuerte en los 90, con las privatizaciones. Y ya en 2013 avisaba que las pantallas (en esa muestra, unas cuatro horas y media por día de computadora) amenazaban las inscripciones.
Nuestra opinión: la teoría explica bien por qué el club sirve, pero da por hecho que el chico llega y se queda. Los datos de hoy dicen que no se queda. Y lo de 2013 cambia la pregunta: el rival del club no fue solo la calle, como se repite siempre. Fue la pantalla. Lo que cambió es el tamaño del problema, porque ahora la pantalla entra en el bolsillo, sigue prendida a las once de la noche y las apuestas quedan a un toque, aunque la ley diga 18.
La edad en que se van
La encuesta oficial sobre deporte en chicos y chicas (EDAF NNyA, del Observatorio Social del Deporte) le preguntó a 1.000 de entre 6 y 17 años durante el verano 2021/22. Ocho de cada diez hacen deporte con regularidad fuera de la clase de Educación Física. Suena bien. Pero el promedio esconde un escalón: 84,5% en edad de primaria y 74,2% en edad de secundaria.
El club es muy importante en esa historia. El 48,9 % lo usa como primera opción y el 61 % lo usa en segundo lugar. Practican 3 horas y 40 minutos por semana, casi ocho días al año.
El escalón son diez puntos. En un curso de 30, tres más afuera. En el país hay 4 317 470 chicos de 12 a 17 años (datos del censo de 2022, que realizó UNICEF). De ellos, 445 000 están en edad de ser padres. Si los mandas a clubes de 415 personas, llenan unos 1070: casi uno de cada diez de los que existen. El número fluctúa entre 230 000 y 660 000 porque la encuesta es pequeña. El orden de magnitud no cambia.
¿Por qué se van? El 44 % de los que nunca han practicado dice que no le interesa. A veces es el dinero. La mayoría de los clubes deportivos cobra cuotas a sus socios para sobrevivir. Los jóvenes se alejan porque tienen que trabajar o no pueden pagar. Con estos datos, no se puede saber cuál es el motivo. Y Lucas no lo sabe.
Qué pasa a los 13
La guía educativa del Gobierno de Buenos Aires sobre apuestas online (junio de este año) incluye información de UNICEF, UNESCO y la Cruz Roja de Argentina. El 25 % de los adolescentes de 12 a 17 años ha apostado alguna vez. 6 de cada 10 conocen a alguien que apuesta y la edad media de inicio es de 13 años. En Argentina, los menores de 18 años no pueden apostar.
Ahora mira los dos números juntos. Más de 4,3 millones de chicos de secundaria no hacen deporte regularmente. De esos 4 317 470, 1,08 millones apostaron alguna vez. Si el «uno de cada cuatro» fuera exacto, la guía lo da redondeado. Dos grupos con casi la misma edad y tamaño. No tienen por qué ser los mismos chicos: son encuestas distintas, con preguntas distintas. Que coincidan no demuestra que una cosa cause la otra. Si Tomi dejó el club y no juega en ningún sitio, es uno de los millones. Lucas y su planilla no lo saben.
Hay diferentes lecturas. Una dice que comparar deporte con apuestas es injusto y que el problema se arregla con controles de edad y menos publicidad. En el Congreso hay proyectos para eso. Es una postura razonable. Creemos que son necesarias ambas cosas y que centrarse solo en las apuestas es como ver el síntoma: un chico que sale del club y no tiene otro lugar al que ir se acerca más a cualquier pantalla. Eso es solo una hipótesis, no un dato.
Algo más sobre la exposición. El informe de Cruz Roja de fines de 2025, hecho con más de 11.000 estudiantes secundarios de 16 provincias, encontró que 6 de cada 10 están expuestos a contenido de apuestas. Y Economía Sustentable recoge los reclamos de especialistas por la publicidad en camisetas y transmisiones de fútbol.
Para los mayores de 18, el cuadro es otro. Apostar online es un ocio legal solo para adultos y solo en las provincias que lo permiten. Si sos mayor y decidís entrar a una plataforma como Win casino, leé primero las condiciones, poné un tope de plata y no lo uses para salir de un apuro económico. Solo para mayores de 18 años. Jugar de más puede hacerte mal.
Lo que no sabemos
Ningún número de acá está cortado por ciudad. Son del país entero, salvo lo de CABA, y el título habla de ciudades: ese es el agujero más grande. Los porcentajes de las encuestas (de 2021 a 2025) los aplicamos a la población del Censo 2022, así que los totales son estimaciones, no conteos. Y no encontramos ningún estudio que cruce deporte y apuestas en los mismos chicos, que es lo que haría falta para saber si la coincidencia de edades quiere decir algo.
A las 8:44, Lucas borró la falta de Tomi con la goma del lápiz. Después anotó en el borde de la hoja el número de la casa, otra vez a lápiz. Sonó el silbato. Tomi seguía sin aparecer, pero Lucas ya había marcado.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos clubes de barrio hay en Argentina? El censo de clubes de 2023 contó 11.870 entidades, y el 81% son de barrio o de pueblo: unas 9.600. Participan casi 4,9 millones de personas.
¿Cómo influye el deporte en los jóvenes? Depende de cómo se practique. La teoría dice que ayuda a formar valores y vínculos, pero solo si hay buen acompañamiento y no se vuelve todo una carrera por ganar. En la EDAF, el 74% practica porque le gusta.
¿Cómo fomentar el deporte en los jóvenes? Es una lectura nuestra, no algo probado: que el club siga siendo accesible justo cuando empieza la secundaria, que la cuota no sea una barrera y que haya lugar para quienes no quieren competir (el 59,2% practica solo por recreación).
¿Pueden apostar los menores de 18 años? No. En Argentina el juego de azar está prohibido para menores de 18.